Hace más de cien años, los hidroaviones de la Scadta inauguraron la aviación comercial en Colombia con el río Magdalena como pista. Esa historia tuvo un nuevo capítulo esta semana: Alma Air realizó su primer vuelo comercial con turistas, un grupo de australianos que viajó desde Medellín hasta el embalse de Guatapé en un Cessna 208 Caravan con flotadores. El trayecto, que por carretera puede tomar horas, dura entre 15 y 17 minutos.
Detrás de la compañía está Rupert Stebbings, empresario británico que lleva 21 años en Medellín y hoy es su CEO. En entrevista con El Tiempo, explicó el arranque de la operación, su modelo de negocio y los planes de crecimiento hacia la costa Caribe.
Un aerotaxi sobre el agua
La operación no funciona como una aerolínea tradicional, sino como un servicio chárter a demanda. “Como no es una aerolínea con itinerario, sino un chárter, no tenemos un horario fijo. Es prácticamente un aerotaxi”, explica Stebbings. El cliente se contacta por la página web o por WhatsApp, indica destino y fecha, y la compañía organiza el vuelo.
Cada aeronave tiene ocho sillas, aunque el límite real no son los pasajeros sino el peso. “No es tanto el número de pasajeros, sino la cantidad de kilogramos, más cuando está en el agua. Pesamos a todos los pasajeros para que todo sea superseguro”, detalla. En Guatapé, además, la operación se autolimita a cuatro acuatizajes diarios como máximo, por consideración con la comunidad del embalse.
El modelo de precios también es particular: se cobra por avión, no por persona. El viaje de ida y vuelta a Guatapé cuesta 5,5 millones de pesos por aeronave, y solo ida, 3,3 millones. “Cuando lo pones en comparación con el helicóptero, es como la mitad del precio”, apunta el empresario.
Del vuelo humanitario a la operación turística
El estreno comercial llegó tras un rodaje inesperado. Alma Air recibió su autorización para volar pocos días antes del terremoto del 10 de agosto, y mientras esperaba los permisos finales para acuatizar, puso sus aviones al servicio de la emergencia. “Hicimos como 40 vuelos humanitarios a Quibdó, Pereira, todo eso”, recuerda Stebbings. Esa etapa funcionó como ensayo operativo: “Para nosotros era como una práctica, para ver cómo nos iba con tres o cuatro vuelos por día”.
De esa experiencia sacó, además, una lectura sobre el potencial del país. “Aprendimos que Colombia tiene toda esta agua disponible si hay una crisis así. Muchos de estos pueblos, como Sipí o Istmina, tienen su propio río”, señala, al contrastar los 40 minutos que tomaría un hidroavión directo frente a las horas de camión y lancha vía Quibdó.
El plan: Cartagena, Mompox y el Caribe
Medellín es apenas la primera base. “La segunda va a ser en Cartagena”, confirma Stebbings. El plan original, de hecho, apuntaba a la costa, pero las complejidades de la concesión en Cartagena llevaron a arrancar en Antioquia, donde “había espacio y todo estaba muy claro”.
Desde Cartagena, el abanico de destinos se amplía. Mompox concentra buena parte de las expectativas: un trayecto de cinco o seis horas por carretera que en hidroavión tomaría unos 40 minutos, lo que permitiría a los viajeros hospedados en la ciudad hacer pasadías al municipio patrimonio. La red proyecta conectar también con Barú, la Ciénaga Grande y Palomino, según la temporada y los eventos.
Ese potencial no pasó inadvertido para los gremios de la región. La Corporación Regional de Turismo del Gran Caribe (Corpretur) destacó la llegada de la compañía como un hito. “Alma Air se convierte en la empresa pionera en turismo de hidroaviones en Colombia y está aliada a nuestra Ruta Macondo del Gran Caribe, buscando transformar la movilidad y las experiencias para el segmento luxury, de aventura y naturaleza”, afirmó Jesús Amador, director ejecutivo de Corpretur.
Una apuesta de largo plazo
El operar sobre el agua implica un trabajo permanente con las autoridades de cada lugar, porque cada cuerpo de agua tiene un dueño distinto —EPM o Celsia en un embalse, la alcaldía en un río—. “Cada vez es una conversación con las autoridades locales, porque son esos socios. El medio ambiente es importante para nosotros”, subraya Stebbings, que espera un repunte de la demanda hacia fin de año.
Su ambición, no obstante, mira mucho más lejos. “Me gustaría que en cien años dijeran: llegaron unos extranjeros, trabajando con los locales, soñaron, era complicado, pero lo lograron, y ya hay 30 hidroaviones en toda Colombia, en todas las comunidades, como en Alaska, en Vancouver o en las Bahamas”, plantea. El objetivo de fondo, resume, es que el país aproveche una vocación que su geografía de ríos, costas y embalses hace evidente.