Las viviendas turísticas registradas en Colombia crecieron 635% desde la pandemia, un ritmo 22 veces superior al del alojamiento tradicional, según cifras de Corficolombiana. El dato dimensiona la velocidad con que el alojamiento de corta estancia viene ganando terreno dentro del negocio del turismo, apalancado en su flexibilidad y en el acceso a espacios privados.
El Registro Nacional de Turismo reporta 70.894 viviendas turísticas activas y formalizadas en el país. Antioquia encabeza el listado con 14.619 unidades, seguida de Bogotá con 9.015 y Bolívar con 8.819. Según Asohost —la asociación que agrupa a los prestadores que operan por plataformas digitales—, este segmento genera cerca de $10,6 billones anuales.
El avance coincide con un periodo de expansión del turismo receptivo. Durante 2025, Colombia recibió más de seis millones de visitantes, un 3,8% más que el año anterior, quienes según Corficolombiana gastaron US$9.427 millones, un monto que superó los ingresos por exportaciones de petróleo en el mismo año.
Otra señal del fenómeno aparece en los canales de pago. La plataforma de transferencias internacionales Global66 reportó un aumento del 158% en los ingresos recibidos a través de plataformas de viviendas turísticas durante el último año. "Hoy el turismo no solo beneficia a las empresas tradicionales del sector, sino también a personas que ofrecen alojamiento, experiencias o servicios especializados para viajeros", señaló Daniel Londoño Tapia, Country Manager de Global66 en Colombia.
El auge de las viviendas turísticas es también el trasfondo de la reciente reforma al Registro Nacional de Turismo, que endureció los controles sobre este tipo de alojamiento. La magnitud del segmento —cerca de 71.000 unidades formalizadas y billones en facturación anual— explica por qué su regulación abrió una división entre los gremios: mientras el sector hotelero reclama reglas parejas, las asociaciones de plataformas defienden un modelo que crece a un ritmo que ninguna otra forma de alojamiento alcanza.