El viajero colombiano pasa cada vez más tiempo fuera del país. Según datos de IATI Seguros, el viaje internacional promedio se alargó de los 12 a 14 días de hace algunos años a los 18 días actuales, un cambio que amplía la exposición a imprevistos médicos, cancelaciones o incidentes durante el recorrido.
Ese comportamiento coincide con un momento de auge del turismo emisivo, impulsado en parte por la apreciación del peso, que abarata los viajes al exterior. Pero estadías más largas también exigen una planeación más cuidadosa, y ahí es donde, según la compañía, persisten los descuidos.
“Hoy vemos viajeros mucho más informados y organizados que hace algunos años. No obstante, todavía existen aspectos fundamentales que suelen dejarse para el final o pasarse por alto. Son precisamente esos pequeños detalles los que terminan generando los mayores inconvenientes durante un viaje”, aseguró Alfonso Calzado, CEO de IATI Seguros.
El más frecuente es asumir que el pasaporte vigente basta para entrar a cualquier destino. En la práctica, muchos países exigen visado, prueba del motivo del viaje, reservas de alojamiento, tiquetes de regreso o acreditación de recursos económicos, y no cumplir alguno de esos requisitos puede derivar en la inadmisión pese a tener la documentación aparentemente en regla.
El presupuesto es otro punto débil. Muchos viajeros calculan sus gastos solo con la tasa de cambio, sin contar comisiones por compras internacionales, retiros o avances con tarjeta. A ello se suma un error de pago frecuente: aceptar que las compras en el exterior se cobren en pesos colombianos, una conversión que suele resultar más costosa que pagar en la moneda local.
El componente de salud es el de mayor impacto económico potencial. La compañía recuerda que la EPS colombiana no cubre atención médica en el exterior y que una emergencia puede representar costos elevados y sin límite predecible en algunos destinos. "Planificar la asistencia con anticipación permite viajar con mayor tranquilidad", señaló el directivo, quien advirtió además que algunas pólizas contratadas una vez iniciado el viaje contemplan periodos de carencia antes de entrar en vigencia.
A esos aspectos se suman descuidos más cotidianos —empacar a última hora y olvidar cargadores, medicamentos o adaptadores— y el desconocimiento sobre cómo activar la asistencia cuando surge una emergencia, algo común tanto en quienes viajan por primera vez como en viajeros frecuentes que nunca han enfrentado un imprevisto. El consejo de fondo, según la compañía, es preparar el viaje de forma integral desde el momento en que se organiza, y no dejar la documentación, el presupuesto y la asistencia para el final.