Cerca de 8.000 ballenas jorobadas llegan cada año al Pacífico colombiano entre julio y octubre, en una de las migraciones más importantes del planeta y una de las principales fuentes de ingreso para las comunidades del litoral. Este año se esperan más de 30.000 turistas en los destinos de avistamiento, una temporada que el terremoto del 10 de agosto puso en riesgo por la ola de cancelaciones.
Ante ese panorama, la gobernadora del Chocó, Nubia Carolina Córdoba, pidió a los viajeros mantener sus reservas. "Si tenía programación, reserva en la temporada de ballenas, no lo cancelen, no desprotejan a las familias que viven del turismo", expresó en declaraciones citadas por la revista Semana. La mandataria explicó que Nuquí, Bahía Solano y Juradó no resultaron afectados de la misma manera que otros municipios del departamento, y que en esos destinos la infraestructura hotelera y los aeropuertos funcionan con normalidad.
US$30 millones en juego
El avistamiento genera un efecto directo sobre otros sectores de la economía regional. Entre julio y octubre aumenta la demanda de alojamiento, transporte, gastronomía y comercio en Valle del Cauca, Chocó, Cauca y Nariño.
En el Valle del Cauca, las proyecciones son las más altas al considerar el movimiento turístico general de la temporada. Miyerlandi Torres, secretaria de Turismo del departamento, señaló que esperan "más de 290.000 visitantes, un 4 % más que el año anterior, con unos ingresos económicos alrededor de US$30 millones". Según el Sistema de Información Turística (Situr), del total proyectado, el 47 % corresponde a turistas nacionales, el 46 % a viajeros del propio Valle del Cauca y el 7 % a visitantes internacionales. En Buenaventura, la ocupación hotelera promedio se proyecta en el 45 % durante la temporada.
Una cadena económica alrededor de la naturaleza
El impacto no se limita a hoteles y restaurantes. El transporte marítimo es otro de los sectores más demandados: los recorridos en lancha tienen tarifas de entre $60.000 y $100.000 por persona, recursos que llegan directamente a lancheros, operadores y guías locales. A ello se suma el gasto en restaurantes, comercio, artesanías y pequeños proveedores.
Los parques nacionales naturales Utría y Gorgona recibieron más de 14.500 visitantes en 2025, un 5,7 % más que el año anterior. La concentración es marcada en temporada: entre julio y octubre, ambos parques acumularon 9.317 visitas, el 63 % de todo su movimiento anual.
Paula Cortés Calle, presidenta ejecutiva de Anato, destacó que la actividad combina la conservación con oportunidades económicas para las comunidades. "Esta experiencia permite mostrar la riqueza natural de Colombia y, al mismo tiempo, generar oportunidades para las comunidades de los destinos", señaló. La dirigente agregó que las agencias de viajes cumplen un papel clave al integrar servicios, orientar a los viajeros y promover una visita responsable y articulada con prestadores formales.
Dónde y cómo se vive la temporada
El espectáculo se desarrolla a lo largo de los 1.300 kilómetros de costa del Pacífico, con escenarios principales en Buenaventura, Bahía Málaga, Juanchaco y Ladrilleros, en el Valle del Cauca; Bahía Solano y Nuquí, en el Chocó; Guapi e Isla Gorgona, en el Cauca; y Tumaco, en Nariño. Agosto y septiembre concentran el mayor número de ejemplares, con una probabilidad de avistamiento cercana al 90 %.
Para proteger a los cetáceos, el Ministerio de Ambiente, junto con la Dimar, el Ministerio de Comercio y la Superintendencia de Industria y Comercio, fijó reglas de avistamiento responsable. Entre ellas, una permanencia máxima de 30 minutos cuando hay una sola embarcación y de 15 cuando hay varias, un tope de tres embarcaciones simultáneas alrededor de una ballena y un máximo de dos jornadas diarias por embarcación, con intervalos de al menos tres horas. Todas las embarcaciones deben reportar zarpe y arribo por radio VHF a la Capitanía de Puerto de Buenaventura.
Un reconocimiento desde The Travel Hub
Desde The Travel Hub Colombia nos unimos al llamado y animamos a nuestros lectores a sostener sus planes hacia los destinos del Pacífico que hoy operan con normalidad. Detrás de cada avistamiento hay lancheros, guías, hoteleros, cocineras y pequeños operadores que dependen de esta corta ventana del año, y cancelar donde las condiciones lo permiten los golpea sin necesidad. Viajar de forma responsable, con prestadores formales y respetando las reglas de avistamiento, es la mejor manera de acompañar a estas comunidades y de ayudar a que el turismo del Pacífico —y de todos los territorios afectados— se recupere con ellas.